miércoles, 28 de octubre de 2015

Soplando velas

Súper tarta de pre-cumpleaños hecha con amor por mi princesa y mis amigas

Esta semana he retrasado un par de días mi cita semanal. Hoy hace justo un año que publiqué el post con el que retomaba el proyecto del blog, justo el día que cumplía 34 años. Reinicié el blog con mucha ilusión, muchas ideas nuevas y con un objetivo claro, que a día de hoy sigue buscando la manera de encajar las piezas. Pero no pasa nada, es más, estoy contenta, porque aunque mucho más lento de lo que pensaba, muy poquito a poco, como un buen guiso, voy andando el camino. Y lo voy disfrutando.

Reinicié sobre todo para poder seguir escribiendo, para plasmar en él todas mis inquietudes. Contaba cómo cada otoño, coincidiendo con mi cumpleaños y aunque un poco más tarde de los inicios de curso tradicionales, me gusta hacer balance del año que ha pasado y proponerme objetivos para el siguiente.

Y vuelve a ser 28 de octubre y por tanto, toca repasar otra vez. Y lo cierto, es que el año que hoy termino ha sido, casi con total seguridad, el que me ha puesto más retos y situaciones difíciles de todos los que he vivido. El último año, sin paliativos, no ha sido bueno.

Hace unas semanas, explicaba en este post que había decidido dejar de utilizar el blog como una especie de diario, pero hoy hago una excepción, será mi propio regalo de cumpleaños. Porque aunque con muchos desafíos y con el viento en contra, también estoy segura que este último año me ha dado lecciones de vida y he aprendido muchas cosas que me van a hacer bien en adelante:

- He comprobado que hay mucha gente que me quiere, mucha. Los de siempre, los que ya lo sabía, pero también los que pensaba que no era para tanto, y han estado cerquita para darme achuchones de los que abrigan. Y que los besos y abrazos de mis princesas me sacan de cualquier agujero.

- Y que no puedo gustar a todo el mundo. Ni lo quiero. Que soy capaz de pasar páginas que me aburren. Sin rencor, sin juzgar, sin más. Si existe la palabra adiós, es para utilizarla con todo su sentido de vez en cuando.

- Me he sorprendido siendo capaz de sonreír o incluso reír a carcajadas en días realmente malos. Y de llorar en público  y en privado y quedarme en la gloria.

- He aprendido que valoro más el tiempo que el dinero. El tiempo no se compra y se va muy rápido. Solo tenemos con seguridad el presente para vivir y el pasado para recordar. Así que en adelante intento vivir lo más feliz posible cada día, para hacerme un buen saco de recuerdos bonitos. Y el futuro, pues ya se verá, día a día.

- He descubierto que soy mucho más paciente y positiva de lo que pensaba, y que soy buena poniendo a tiempo realmente malo buena cara (o al menos, aceptable).

- He peleado por lo que quiero y por lo que me merezco. Y me he dado cuenta, que muchas veces, solo depende de mí que las cosas sean como me gustaría. 

- Y que muchas veces, casi todas, los problemas cotidianos pasan, y se convierten en nada. Porque con el tiempo, a toro pasado, te das cuenta que no era para tanto, o que si lo eran y has capeado el temporal, sales de ellos más fuerte. 

- Porque los verdaderos problemas son los que llegan para quedarse, para siempre. Y que son esos los únicos a los que hay que dedicarles todo el tiempo que haga falta para hacerles hueco en tu vida y aprender a vivir con ellos, hasta que dejan de ser problemas y se convierten en parte de tu día a día. Y esto, pues también lo he aprendido, y en esas ando...

Así que tengo ganas de un año nuevo. Empiezo los 35 tranquila. Con ganas de cambios y proyectos nuevos, pero sabiendo que los plazos no siempre serán los que me gustaría, y que hay que disfrutar el camino.

Que a veces el camino pensado se desvía y el nuevo que te encuentras te da cosas estupendas. Así que mi principal objetivo para el año que empiezo es disfrutar, acostarme cada noche con la sensación de haber aprovechado el día y al menos, una vez cada día, haber reído a carcajadas. Que además está comprobado que adelgaza :)

Y para cerrar mi regalo, una canción, que no se muy bien por qué, pero me ha acompañado todo este año. Precisamente ahora no quiero que se paren los relojes, pero sí que vayan despacito, lo suficiente para dejarme saborear bien cada momento bueno; o que se aceleren, en los momentos más malos...

Y a seguir cantando! Hasta las canciones que no me gustan!






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