lunes, 19 de enero de 2015

El día que aprendí qué es procrastinar y decidí no hacerlo

Foto Vía Pinterest


No sé si alguna vez os ha pasado, que aprendéis lo que significa una palabra que desconocíais, y de repente, no paráis de verla y de leerla por todas partes.

Eso me ha pasado a mí con la palabra procrastinar. Por si alguien por ahí la descubre ahora os anticipo que no es un insulto, aunque sea una palabra que a mí al menos, me resulte feílla.

Una vez que ya he aprendido a decirla PRO-CRAS-TI-NAR  es algo así como posponer, o para que todos lo entendáis y ya que el refranero español es tan sabio, no es más que lo contrario de No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Sí, justo lo contrario a lo que me he dedicado gran parte de mi vida: terminar maletas el día del viaje, estudiar el 60% del examen el día antes, recoger el plato de la cena justo antes de irme a dormir..., en fin, tener un run run constante de cosas pendientes en vez de ir quitándolas de el medio.

Aunque fue ya hace varios meses cuando conocí la palabreja, asimilé el término hace unos días, leyendo este post de Lucía de Baballa y cuando hice también mío su propósito. Los diez consejos que ella propone parecen obvios pero lo cierto es que, a mí por lo menos, me cuesta llevarlos a la práctica muchas veces.

Aviso: parece fácil pero no lo es. Yo soy la tonta de las listas, hago listas de todo y en todas partes. Llevo 2 o 3 cuadernos en el bolso, tengo varias agendas para este año, listas de recordatorios en el móvil, el ordenador, post-it de colores...vamos, que solo me falta, hacerme una lista de todas las que tengo para no olvidar consultarlas. Pero tachar tanto asunto pendiente es lo difícil. Asi que primer propósito: manos a la obra con los asuntos pendientes, y no añadir a ninguna lista las cosas que se pueden hacer en un plis- plas.

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También soy de las que me cuesta decir que NO, desde hace tiempo tengo la asertividad como otra asignatura pendiente. Me asusta poder decepcionar a alguien por no hacer algo que me pide, y aunque he mejorado mucho en esto en los últimos tiempos, tengo aun recorrido por delante. Muchas veces, ese NO a tiempo puede ser mejor que un SI sin garantías.

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Está claro que es más fácil hacer lo que a uno más le gusta, así que me he propuesto hacer a primera hora de la mañana cada día, lo que se que más me va a costar, lo que menos me gusta. Es la manera de aprovechar la energía de las primeras horas del día.

Hay que empezar a ponerlo en práctica con cosas simples (esa llamada de compromiso, esa gestión tediosa, esa tarea en casa, para poco a poco, ir aplicando  este trabajo de crear rutinas e ir priorizando, haciendo cosas y tomando decisiones a todos los ámbitos de la vida, y finalmente llegar a las decisiones de cosas importantes: ¿Me gusta lo que hago ? ¿SI? Perfecto ¿NO? Pues entonces AHORA es el momento de cambiar y empezar a hacer lo que me apasione.

Y cuando todo esto esté conseguido, la parte más amable, la de la recompensa y la satisfacción por el trabajo bien hecho. Parece lo más sencillo, pero lo cierto es que también cuesta darse un premio. A la hora de la verdad, lo cierto es que nos solemos exigir mucho y nos cuesta sentir cuándo el trabajo es suficiente para merecerse la recompensa. 

Pero también estoy dispuesta a premiarme: desde cosas más simples por semanas productivas como un fin de semana de relax y salidas agradables; hasta ese viaje soñado cuando consiga llevar a la práctica proyectos importantes.


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Así que manos a la obra, y no hay mejor manera de empezar que aprovechando a tope el lunes que tenemos por delante.

¿Y vosotros? ¿Entonáis también el mea culpa de la procrastinación o por el contrario, podéis darme más consejos para evitarla?

1 comentario :

  1. Tania ¡que bueno! no tenía ni idea que significaba esa palabra. Claramente lo primero es saber pronunciarla sin que se te enrede la lengua!
    Me quedo con la frase "la satisfacción por el trabajo bien hecho", la mejor recompensa.
    Un beso

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