jueves, 21 de febrero de 2013

Estrellada

O el caso de Beatriz Talegón. O de como subir y bajar más rápido que una montaña rusa. Me parece un caso claro de envidia y vanidad (dejando de lado el trasfondo político, que está todo tan revuelto, que todavía no me atrevo a abordar el tema).

Envidia de todos y todas las que les hubiera gustado ser como ella, envalentonarse, enfrentarse, ser políticamente incorrectos y hacerse portavoces de una masa indignada que les elevara a líderes, aunque fuera por un día...

Y vanidad de quién se ha atrevido a hacer todo eso y se le va de las manos. Quien borracha de fama, popularidad, y creyéndose esa portavoz de masa indignada, al final consigue que se vuelva en contra, por quizá un exceso de soberbia y demasiado afán de protagonismo.

Y contra eso qué. Pues que todos los que quieran hacer algo, grande o pequeño, se levanten y lo hagan, que quién algo quiere algo le cuesta, y que no se consigue nada quejándose ante la tele.

Y que quien realmente quiera representar a un colectivo, sea el que sea, y ponerle voz, lo haga desde la humildad de escuchar a aquellos a los que está hablando, y desde el sentimiento de equipo, no de unidad.

Quizá ella no es la líder que hace falta. Pero también es cierto que no ha dejado a nadie indiferente. ¿Qué pensáis?

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